Inhibir la proteína BTK se proclama como un tratamiento a seguir para sanar a los casos graves de COVID-19

12/06/2020

Un experimento llevado a cabo entorno a un reducido grupo de pacientes hospitalizados en EE.UU., todos padeciendo formas graves del COVID-19, ha restaurado la salud de los infectados hasta hacerlos mejorar a ser casi asintomáticos. Se les inyectó un fármaco cuya función es inhibir la reacción inflamatoria descontrolada que, en determinados casos, provoca el virus. Es la conocida como proteína BTK (Tirosina Quinasa de Bruton), un pilar clave que actúa en esta reacción inflamatoria que, muchas veces, desemboca en la muerte del paciente.

Los resultados del experimento han sido presentados por la revista Science Immunology, abriendo así una nueva vía para mejorar el tratamiento de los casos más graves, reduciendo así la mortalidad de la COVID-19. Además, estos resultados trazan nuevos caminos para el tratamiento de patologías provocadas por virus de parecida composición y actuación, como puede ser la gripe, ya que casi siempre se vuelven graves por la misma reacción inflamatoria, también conocida con el tecnicismo de “tormenta de citoquinas”.

El cómo se descubrió este método se remonta a un caso concreto en el que una mujer contagiada con el coronavirus y que ingresó en el hospital Walter Reed en Maryland de EE.UU., mostró una insuficiencia respiratoria muy grave y, aun así, se negó a que la entubaran. El nivel de proteínas inflamatorias que se detectó en su sangre era altísimo, un índice de que estaba en plena eclosión de esa tormenta de citoquinas. Es por ello que, aplicando la lógica médica, se decidió bloquear dicha proteína BTK con un fármaco como posible ayuda, cosa que sucedió.

El inhibidor que le administraron fue el acalabrutinib, un fármaco elaborado para el tratamiento oncológico que, precisamente, bloquea proteínas. La paciente no solo mejoró rápidamente, sino que la tormenta de citoquinas se dispersó y la capacidad respiratoria de la mujer se normalizó.

Desde ese caso y, sobre todo la resolución final, los investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU. que llevan estudiando la proteína BTK desde hace años, se pusieron en contacto con la empresa que fabrica el fármaco para estudiar una colaboración más estrecha y poder llegar así a más pacientes no solo aquejados por un cáncer, como era el propósito original del medicamento, sino también a los que sufren del coronavirus.

Dicho tratamiento ha sido proyectado por ahora en diecinueve personas que presentaban un cuadro muy grave, con ventilación mecánica y niveles muy altos de proteínas inflamatorias tales a la IL-6, la CRP y la BTK. Tras diez días de tratamiento continuo con acalabrutinib, ocho de los pacientes que habían recibido oxígeno con mascarilla se sanaron lo suficiente como para abandonar la ventilación mecánica en favor de su propio aparato respiratorio. Tras varios días más, concretamente el 28 de mayo, nueve de esos once pacientes recibieron el alta, mientras uno seguía hospitalizado en estado normalizado y otro falleció.

Por otra parte, los ocho restantes de ese grupo que habían estado intubados, no obtuvieron un resultado tan bueno como cabría esperar. Cuatro recibieron el alta, cuatro mejoraron, aunque seguían ingresados, mientras que cuatro fenecieron.   
La conclusión que se saca es que el momento ideal para inyectar el tratamiento es justo cuando la tormenta de citoquinas comienza y antes de que se produzcan daños graves que a veces, son irreparables.

Otros estudios sobre la inhibición de la proteína BTK

El 21 de mayo, la revista Blood publicó un estudio por parte de médicos del Instituto de Cáncer Dana-Farber de Boston, donde se contempló como un altísimo porcentaje de pacientes oncológicos que estaban siendo tratados con inhibidores de BTK, no sufrieron contagio de COVID-19 o, si lo padecieron, no presentaron síntomas graves.

Otros ensayos clínicos se han orientado en tratar de mitigar la tormenta de citoquinas inhibiendo determinadas moléculas inflamatorias, especialmente la IL-6 y no la BTK. Es una vía que tiene varios detractores en el sector de la investigación, pues casi todos concuerdan en que es la BTK la que actúa cual interruptor que hace estallar la tormenta de citoquinas.

Para seguir con el estudio y reafirmar la eficacia y seguridad del acalabrutinib, se va a iniciar en breve dos ensayos clínicos más en EE.UU., Rusia, Brasil, Perú, Chile y México.

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